Ejercicio: Adoptamos una postura cómoda. Dedicamos unos minutos a observar nuestro cuerpo, liberando puntos de tensión y haciendo que se relaje. Cada uno lo hace a su ritmo. Cada cierto tiempo, volvemos a comprobar la postura. Hacemos que esta se vaya haciendo cómoda de dentro hacia fuera, sin imágenes preconcebidas. Cuando sentimos que el cuerpo está preparado, nos damos autorización para entrar en un estado energético acorde con el propósito de la reunión, escogemos libremente un objeto de concentración y nos abandonamos a la meditación...
PROFUNDIZANDO EN LA CONCENTRACIÓN.
La concentración se produce de forma natural en múltiples ocasiones en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, por lo general, sucede que en esos momentos no nos damos cuenta de que estamos concentrados. Mucho menos somos capaces de apreciar cuales son los mecanismos que hacen que lo estemos. Simplemente, en nuestra cabeza tenemos asumido que hay momentos en los que podemos concentrarnos y otros en los que no. Con esta creeencia casi siempre tendemos a buscar fuera a los culpables de nuestra falta de concentración: demasiado ruido, gente poco amable, un suceso traumático... Cada vez que requerimos ese estado, nos engañamos a nosotros mismos intentando controlar las formas externas: buscamos un lugar aislado, creamos un ambiente tranquilo, con una música relajante... Luego, si por cualquier circunstancia nuestro retiro es violado, sentiremos la angustia por la tarea no finalizada; o el enfado, al creernos con los suficientes y válidos motivos cómo para ponernos como auténticos energúmenos.
LO PRIMERO QUE HAY QUE ENTENDER ES QUE LA CONCENTRACIÓN ES UN PROCESO INTERNO. MEDIANTE LA MEDITACIÓN ESTAMOS APRENDIENDO A DESARROLLAR NUESTRA CONCENTRACIÓN, DESDE SU ORIGEN, DESDE DENTRO
Si empezamos a observarnos, rápidamente nos daremos cuenta de que nos concentramos de forma espontánea cuando algún hecho o actividad capta nuestro sincero interés. A veces puede ser algo que nos produce placer, como un buen libro, una película, una comida apetitosa, la fragancia de una flor... Otras veces podrá ser una circunstancia negativa: un insulto que hemos recibido, el trato de nuestro jefe, un problema relacionado con una deuda, la desaparición de un ser querido, un dolor corporal...
AUNQUE PUEDA PARECER EXTRAÑO, DISFRUTAMOS TANTO CONCENTRÁNDONOS EN LAS CIRCUNSTANCIAS POSITIVAS DE NUESTRA VIDA COMO EN LAS NEGATIVAS. A LA MENTE NO LE GUSTA NO ESTAR ATRAPADA EN ALGO, NECESITA DISTRAERSE Y EN AMBOS CASOS LO QUE HACEMOS ES TAPAR NUESTRO VACIO INTERIOR
Incluso cuando creemos que ante un acontecimiento hemos estado concentrados, si nos observamos con detalle veremos que la mayoría de veces no es así. Por ejemplo, nos proponemos concentrarnos en disfrutar de la fragancia de una rosa. Comprobamos que en una primera inhalación de su aroma nuestros sentidos están atentos. En ese momento los pensamientos están relegados a un segundo plano y nosotros sentimos plenamente. Inmediatamente después, aunque sigamos con la flor pegada a nuestro olfato, nuestra atención se separa y se dirige hacia cualquier otro pensamiento. Y así continuamente... ¿Cuántas veces leyendo un libro hemos tenido que volver atrás al comprobar que nuestra mente se encuentra atrapada en otros asuntos?, o , escuchando a alguien nos damos cuenta de que no sabemos lo que nos ha dicho.
AL CONCENTRARNOS EN UN OBJETO DURANTE LA MEDITACIÓN ESTAMOS APRENDIENDO A PRACTICAR LA ATENCIÓN SELECTIVA. LA CREACIÓN DE PENSAMIENTOS SE RALENTIZA Y EL SENTIR PREDOMINA SOBRE EL PENSAR
Cuando meditamos concentrados en un objeto no quiere decir que los pensamientos tengan que desaparecer. La mente es creadora por naturaleza y los pensamientos siempre están ahí, pero...
ES IMPORTANTE DARSE CUENTA DE QUE NO ESTAMOS OBLIGADOS A PRESTAR ATENCIÓN A TODO LO QUE OCURRE EN NUESTRA MENTE. AUNQUE POR TRADICIÓN TENEMOS LA CREENCIA DE QUE HAY CIERTOS PENSAMIENTOS DE LOS QUE NO ES POSIBLE ESCAPAR, DEBEMOS SABER QUE SIEMPRE TENEMOS EL PODER DE DECIDIR A QUE PENSAMIENTOS HACEMOS CASO
SIEMPRE SOY YO ELIGIENDO MIS PENSAMIENTOS
EN FUNCIÓN DE LOS PENSAMIENTOS QUE ESCOJO VOY GENERANDO MI EXPERIENCIA DE VIDA
EL AUTÉNTICO SABIO NO ES EL QUE HA APRENDIDO A DEJAR DE PENSAR, SI NO AQUEL QUE ES CAPAZ DE DIRIGIR SU PENSAMIENTO
Por ejemplo, si al meditar me concentro en la llama de una vela, me doy cuenta de que hay otras cosas alrededor: una mesa, sillas, objetos varios... Si estoy meditando, atento y concentrado, estos son como sombras borrosas que están en la periferia y no captan mi interés.
APRENDO A DESARROLLAR LA ATENCIÓN CONTINUADA, CON PRÁCTICA Y DISCIPLINA. CUANDO MEDITO LA MENTE NO ESTÁ EN BLANCO, SI NO QUE SABE EXACTAMENTE DONDE ESTÁ, ES SUPER-CONSCIENTE
En una primera fase de nuestro aprendizaje, la meditación no es sin esfuerzo. Estamos desarrollando un auténtico trabajo que consiste en volver al objeto de meditación cada vez que nos damos cuenta de que nos hemos apartado de él. UNA Y OTRA VEZ. Hacemos esta operación las veces que haga falta, pero de forma desapasionada, sin castigarse: "No voy a poder...", "Mejor lo dejo y lo intento más tarde...". Simplemente, me doy cuenta y vuelvo, me doy cuenta y vuelvo...
LA VERDADERA DIFICULTAD EN LA MEDITACIÓN NO SON LAS DISTRACCIONES, SI NO NUESTRA REACCIÓN ANTE ELLAS
Por ejemplo, estoy en el salón de casa intentando concentrarme en la respiración. De pronto, escucho un grito en la calle. ¿Cómo reacciono?. ¿Me molesto? -"Vaya desfachatez"-. ¿Emprendo alguna acción? -"Debería pedirles que tengan un poco de respeto"-. ¿Me vengo abajo con mi propósito? -"Así es imposible, mejor lo dejo"-. ¿Intento controlar el suceso? -"A partir de mañana será mejor que cierre la ventana. O, quizás sea mejor que medite en la habitación del fondo que es más tranquila"-. La realidad es que un grito de un segundo puede seguir resonando en nuestro interior al cabo de varios minutos. No hay que perder de vista nuestro trabajo: ME DOY CUENTA Y VUELVO, ME DOY CUENTA Y VUELVO. NADA MÁS...
Otra posible dificultad puede encontrarse en el hecho de que el objeto de concentración escogido, de entrada, pueda resultar, digamos, 'poco interesante' desde el punto de vista de nuestra preconcebida escala de valores. "¿Qué gano con estar aquí observando mi respiración? Puedo aprovechar mejor mi tiempo si organizo lo que voy a hacer después en la oficina...". Con la práctica iremos encontrando nuevas sensaciones y seremos capaces de apreciar más detalles en cualquier objeto de concentración que escojamos.
Cuando empezamos a meditar cobramos conciencia del poco control que en realidad tenemos sobre nuestra mente. Eso puede hacernos sentir cierto desanimo, pero aún así tenemos la tendencia a justificarlo y darlo por un hecho normal. Al fin y al cabo, nos sentimos avalados por la cantidad de cosas que hemos conseguido en nuestra vida. También por el hecho de que la mayoría de las personas se encuentran exactamente igual que nosotros. Pero tenemos que tener confianza en nuestro trabajo, porque:
EL ESTADO DE PENSAMIENTOS DISPERSOS NO ES EL ESTADO NATURAL DE LA MENTE. EN ESE ESTADO LA MENTE ESTÁ FUERA DE CONTROL
TODO SE CREA EN EL CIELO DE LA MENTE. EN SU SUPERFICIE LOS PENSAMIENTOS FORMAN UNA NUBE ESPESA QUE NO PERMITE VER MÁS ALLÁ. A MEDIDA QUE DESARROLLAMOS LA VISIÓN PENETRANTE EMPEZAMOS A APRECIAR ALGUNOS CLAROS ENTRE LAS NUBES. FINALMENTE NOS DAMOS CUENTA DE QUE LA MENTE ES UN CIELO CLARO Y DIÁFANO, DONDE CON EL RABILLO DEL OJO PODEMOS OBSERVAR LAS SOMBRAS QUE DEJAN LAS NUBES QUE APARECEN Y DESAPARECEN EN SU PERIFERIA
Si no estamos concentrados, puede ocurrir que consigamos estados de relajación divagando sobre cosas agradables. ESTO ES BUENO, PERO NO ES MEDITAR. Nuestra mente sigue siendo vulnerable a las perturbaciones, y no podremos relajarnos cuando la situación cambie.
Si podemos dejar de satisfacer a nuestra fantasía, aunque sólo sea unos segundos, poco a poco desarrollaremos más poder de concentración. En ese estado, un sólo minuto de concentración en una meditación de veinte minutos es un gran logro. En la práctica meditativa siempre hay beneficios desde el primer momento.
CADA INSTANTE DE CONCENTRACIÓN ES UN MOMENTO DE LIBERACIÓN PARA NOSOTROS, Y, POR TANTO, UN GRAN ÉXITO. ESE ES EL AUTÉNTICO TRABAJO EN MEDITACIÓN
EN EL MOMENTO EN QUE SOMOS CAPACES DE ESTAR CONCENTRADOS NOS HACEMOS UNO CON EL OBJETO. ES UN ESTADO DE ABSORCIÓN EN EL QUE DESAPARECE TODO LO QUE NOS RODEA. APARECE UNA SENSACIÓN DE GRAN ESPACIO Y LUZ. EL CUERPO Y LA MENTE ESTÁN UNIFICADOS Y HAY UNA GRAN CLARIDAD
CON PRÁCTICA Y AUTODISCIPLINA CADA VEZ SEREMOS CAPACES DE PERMANECER CONCENTRADOS POR MÁS TIEMPO
El estado de éxtasis, o samadhi en sánscrito, que se describe en algunas enseñanzas orientales, no es más que el poder permanecer en ese estado de máxima presencia. La paradoja es que, en realidad, todos nosotros estamos experimentándolo contínuamente, sólo que en períodos que duran unos pocos microsegundos: de pronto ante una noticia feliz, con el primer impacto que nos produce un helado, un simple bostezo, un estornudo... Son situaciones en las que, por un breve espacio de tiempo, somos capaces de "perder el control". Eso hace que no podamos apreciarlo, ya que inmediatamente nuestra mente las adorna con más fantasías.
EL AUTÉNTICO SABIO HA DEJADO EL ESTADO DE TRABAJAR EN SU CONCENTRACIÓN PARA PERMANECER EN ELLA. ES COMO DARLE UN GIRO A NUESTRA MENTE: CON LA MENTE HACIA DENTRO SÓLO POTENCIAMOS NUESTRO YO, Y, POR TANTO, MÁS SUFRIMIENTO PARA NOSOTROS Y PARA LOS DEMÁS. EN LA MENTE GIRADA HACIA FUERA SÓLO APARECEN PENSAMIENTOS Y OBJETOS
EN ESTADO DE SAMADHI LA CONCENTRACIÓN ES SUAVE Y NATURAL, YA NO ES NECESARIO EL ESFUERZO
EL ÉXTASIS AFECTA AL CUERPO. NOS LIBERAMOS DE LOS EFECTOS QUE PUEDAN TENER SOBRE EL MISMO NUESTRAS EMOCIONES NEGATIVAS. NO HAY TENSIONES. CUANDO UNIFICAMOS DE ESTA MANERA NUESTRO CUERPO Y NUESTRA MENTE, DESAPARECEN TODAS LAS PREOCUPACIONES Y PODEMOS SENTIR UNA NUEVA VIBRACIÓN DE AUTÉNTICO GOZO QUE RECORRE TODO NUESTRO CUERPO. EN ESE ESTADO LA CURACIÓN PROFUNDA ES POSIBLE
CADA VEZ QUE ESTAMOS CONCENTRADOS, AUNQUE SÓLO SEA DURANTE UN BREVE MOMENTO, ES COMO SI NO ESTUVIERAMOS EN ESTE MUNDO. DESDE ESA PERSPECTIVA ES POSIBLE OBSERVAR AL YO. EN EL APARTADO DE RELAJACIÓN APRENDIMOS QUE AL PONER NUESTRA ATENCIÓN SOBRE UN PUNTO DE TENSIÓN PARECE COMO SI ESTE SE DILUYERA. PODER OBSERVAR AL YO ES EL PRINCIPIO DEL CAMBIO PROFUNDO
NOSOTROS DECIDIMOS: POR UN MICROSEGUNDO O POR SIEMPRE
Ejercicio final:
Adoptamos una postura cómoda y dedicamos unos minutos a observar el cuerpo con detalle. Vamos liberando puntos de tensión y relajándolo. Revisamos nuestra postura y vemos si nos permite respirar libremente. Corregimos si notamos que de alguna manera nuestra postura dificulta la entrada o salida de aire. Nos damos permiso para meditar escogiendo nuestra respiración como objeto de concentración. No la controlamos, sólo la observamos con curiosidad. No pensamos en ella, sólo la sentimos. Notamos como el aire entra por nuestras fosas nasales, como el pecho se infla con cada respiración, como se detiene un momento antes del soltar todo el aire. Advertimos, por ejemplo, aspectos tales como la diferencia de temperatura del aire cuando entra y cuando sale. Nos damos cuenta de los posibles cambios que se vayan produciendo en los pequeños detalles, sin ponerles nombre ni buscarles una explicación. Para ayudarnos en el proceso de esta práctica vamos a ir contando cada respiración (uno, dos, tres...). Si nos descontamos, no pasa nada, volvemos a empezar (uno, dos, tres...). Si sentimos sueño podemos movernos para corregir un poco la postura, y seguimos...
Finalmente, realizamos unas pocas respiraciones profundas. Si queremos podemos agradecer toda la energía recibida. Vamos saliendo lentamente de la meditación. Dedicamos un minuto a observar si nuestro estado es el mismo que el que teníamos antes de empezar. Procuramos despedirnos con maneras suaves, intentando mantener ese estado el máximo de tiempo posible...
Fin de la tercera sesión.